dilluns, 12 de setembre del 2011

Cadéncia Final... (II)

Allegro dramático
“Cuando eres consciente de la muerte, acabas asumiendo tu propia soledad”

Los días pasaban en la mansión y Lucia empeoraba cada dia aun más. La esperanza de vivir se había desvanecido de la mente del compositor, el cual cada dia se encontraba más obsesionado con la sinfonia y dejaba poco a poco de lado a su hija.
La dejaba sola ante la muerte, desprotegida, desamparada sin apenas inmutarse por su estado de ánimo.
Todos los jueves por la mañana los visitaba el médico para comprobar el estado de Lucia. De vez en cuando le invitaban a comer debido a la lejanía a la que se encontraba el pueblo más cercano de la mansión. Cada semana que pasaba, el tiempo que duraba la revisión aumentaba más. Hacian falta más medicamentos, y más precauciones. El estado de cuarentena estaba cada vez más presente. La niña fue trasladada a la habitación más alejada del núcleo central de la casa debido a que cualquier contacto con ella (excepto el doctor y su padre) podria desencadenar la enfermedad por toda la casa a todo el personal del servicio.
Felipe mientras continuaba con su gran obra. El movimiento “Allegro” empezaba con unos golpes fuertes de timbal acompañados por contratiempos realizados por al sección grave de la orquesta. Los acordes que interpretavan eran de modo menor con acordes disminuidos intercalados, y también con alguna disonancia de segunda menor de vez en cuando.
La simfonia cobraba vida conforme la niña iba empeorando su estado. Apenas ya sonreia, su piel, blanca ya de por sí, se habia tornado más pálida aun. El doctor habia tomado la cruel decisión de dejarla ya que siguiera su ritmo de enfermedad y abandonar la medicación. Dejarla navegar ya en su desgraciada odisea hasta el fin de sus dias.
Aquella noche fue de las más duras que el compositor recordaría para el resto de su vida. El dolor se apoderaba de Lucia a pasos agigantados. Los chillidos de la niña llenaban todos los rincones de la mansión. La niña chillaba, lloraba, pataleaba contra las paredes. Parecia como si el propio demonio fuera apoderándose de su frágil alma.
Felipe no soportaba más el dolor que le producia oír a su hija, pero él no podia hacer nada, el doctor le habia prohibido ya cualquier contacto con la niña. Sólo se podia refugiar ahora en ese momento a escribir la situación en la que se encontraba.
Los violines harían unos cromatismos imitando los gritos de la niña, la desesperación que sentía en ese mismo instante. Los graves también imitarían los cromatismos de los violines pero en un registro muchisimo más grave simbolizando el descenso a la locura del autor delante de la impotencia que le creaba el no poder hacer nada ante el estado de su hija.
El arpa a medio movimiento con sus suaves y sugerentes arpegios de “sexta napolitana” de La m ará poco a poco acallar todas las voces de los instrumentos dejando de nuevo un diálogo entre la flauta y el chelo a modo de resposición del primer tema presentado en el movimiento inicial pero con pequeñas variaciones.
El movimiento acaba con una cadencia rota.



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