dissabte, 17 de setembre del 2011

Cadéncia Final... (IV)

Largo angustioso
“Muy sentida la muerte cuando el padre queda vivo”

Felipe abandonaba, muy a su pesar, la mansión y se mudaba a la gran ciudad a empezar una nueva vida sin su hija. El tiempo de aquella tarde de Octubre no acompañaba mucho. Igual que hacia un sol que deslumbraba hasta las gárgolas de la catedral, que llovia como si el cielo descargara toda su immensa furia. El piso donde se había mudado el triste Felipe se encontraba a las afueras de la ciudad. No quería notar con tanta brusquedad el gran cambio que suponía irse del campo a vivir en una urbe.
Ya, tras pasar unas semanas de acomodamiento, decidió salir a la calle en busca de alguna compañía orquestal interesada en interpretar la sinfonía que tanto le había costado y tanto dolor había guardado en su legado. Cada nota era una punzada en el corazón del compositor.
La eternidad se iba personalizando en los dias que pasaban. Poco a poco el mes de Noviembre también pasaba y ya se adentraba el año en su último més, Diciembre.
Al fin encontró una orquesta dispuesta a interpretarla, la estrenarian en el concierto de primavera de la ciudad. Felipe empezaba de nuevo a ver un rayo de luz en su vida después de tanta oscuridad . La muerte de su hija apenas le había dejado ganas de seguir adelante con su solitaria vida. Se olvidó por completo de buscar la cara positiva de las cosas. Paseaba solo por la calle. Apenas habia hecho amistad con nadie, solamente las personas que acostumbraba frecuentar cuando realizaba alguna compra que otra en la tienda de la esquina. Quitando de la amable mujer que atendía la tienda y del portero de la finca apenas mantenía relación con nadie.
El dia del estreno se aproximaba cada vez más, los nervios se iban apoderando del carácter tranquilo de Felipe e iban transformándolo en un ser cada vez más demacrado. Los huesos del ya enfermo compositor se iban debilitando cada vez más. Su rostro ya tornado esquelético podia dar a conocer el dolor de Felipe. Por las noches oía su sinfonia en sueños, en los cuales también aparecía su hija pero con el rostro tapado con un velo blanco.
“Aparecía en la sala de música de la mansión. Oía la melodía interpretada por el piano del andante de la sinfonía tocada por su hija. Este, se acercaba al lugar donde se hallaba la dulce niña. Él intentaba abrazarla pero era como si hubiera una pantalla de luz transparente entre los dos y no pudieran tener contacto alguno.
Ella le decía a su padre que no pasaba nada, que estaba perdonado. Aquel rompía a llorar en el sueño y empezaba a pedirle perdón a su hija. De repente todo el escenario cambiaba. Todu oscuro en un pasillo iluminado sólo por la luz de la luna que entraba por un pequeño ventanal a la derecha del hombre. La niña se encontraba al final del pasillo esta vez con un velo negro que le cubría de pies a cabeza. Él corría hacia ella pero la niña se alejaba elevada en el aire cada vez más. Aquel pasillo no tenia fin. Felipe corria y corria, pero nunca la alcanzaba. La desesperación se apoderaba de él como nunca antes. Mientras recorría el pasillo oia por todas partes la cadencia de violín del último movimiento de su sinfonia. Escuchaba también la ronca voz transformada de su hija como le culpaba de su muerte. Como le reprochaba el abandono que había sufrido por su parte mintras la sinfonía cobraba vida…”
Felipe se despertó de repente. No había caído en la cuenta pero el sueño que tubo con su hija le abrió los ojos y le hizo ver la gran verdad. La sinfonía le había eclipsado totalmente y le había hecho que apartara a su hija de sus pensamientos en los momentos más difíciles de su corta vida.
El dolor que le producía ese pensamiento le producía un sentimiento de impotencia. Si pudiera volver al pasado y corregir sus herrores…



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